viernes, 9 de mayo de 2008

El valor de una obra de arte

En el arte existe una historia de logros y fracasos. El problema es dónde establecemos ese límite, porque lo que pudo considerarse un fracaso en algún momento, ahora podría verse como un acierto. El parámetro para medir su validez parece cada vez más relativo, y hoy en día, muchos creen que el poder del mercado es el único que le da valor a una obra, como si solo el valor material o que le guste a la mayoría pudiera ser un criterio para algo. Aun cuando la apreciación la hace la crítica establecida (curadores, galeristas, los mismos artistas), en muchas ocasiones no es capaz de ver más allá de su noción de arte, como si hubiera una.

Si la importancia de la obra está determinada porque guste, ¿cómo sabemos su valor real siendo que los precios y más aun los gustos cambian con el paso de los años?. Repito lo que se ha dicho con saciedad, Van Gogh, por decir uno, vale ahora una fortuna, y “gusta” mucho. Por lo tanto se podría decir, basado en el parámetro anterior sobre el mercado, que una obra solo tendría validez si la gente la quiere. Por lo tanto, cuando Van Gogh vivía su obra no tenía ninguna validez, pero la historia ha demostrado lo contrario. Alguien digo que no podemos darnos el lujo de dejar pasar a otro Van Gogh. El problema es que el arte de hoy tiene tanto ruido y repetición, que es difícil apagarlo y escuchar lo distinto, por lo que hoy en día no hay un Van Gogh sino muchos que buscan levantar su voz en un mundo donde el dinero dicta la conciencia del arte. “El valor comercial de una obra se establece en subasta pública”, me comentó alguna vez un conocido. Bien dicho, su valor comercial, más no su valor o validez como obra de arte. Decía en un principio que era una historia de logros y fracasos, pero si ahora pretendemos medir el éxito y fracaso a través de un sistema monetario, será el gusto y no la realidad del mundo la que nos guíe en esta búsqueda artística, la cual es personal y única en cada uno. Pero si un artista mide su éxito en cuanto vende o deja de vender, no es solo un artista sino también un comerciante de arte, otra posibilidad válida, pero que no comparto. El problema es que la exploración del arte se ve limitada por unos pocos que juegan con las obras como si de acciones se tratara, buscando incrementar su valor con tretas de mercado jugando con la sensibilidad del público.

Podría pedírseles a los artistas no venderse ante este juego, pero bien se sabe que de algo se debe vivir. Propondría una solución a medias donde se trabaje a dos bandas haciendo cuadros “comerciales” y haciendo cuadros “personales” (y en algunos casos con suerte se logran ambos), pero para muchos el “venderse” no es una opción, aunque eso depende de cómo se vea. Si hago lo que me gusta, y lo hago con gusto y pasión, no siempre tendré que hacer obras que vayan en contra de lo que comercialmente gusta, y aun así no ir en contra de uno mismo. Como decía, unos no estarán de acuerdo, pero otros dirán que hacer lo que el público pide es tan válido como tratar de hacer obras que le den algo nuevo al arte. Y qué decir de un artista consagrado por su estilo, que se vuelve una novedad comercial, caso Botero por ejemplo, que con sus figuras ha logrado éxito tanto comercial como en la historia del arte. Pero el problema es que el mundo comercial no le admitiría un cambio radical a Botero, no aceptarían que dejara de pintar sus “gordos”. El arte comercial limita la mente de los artistas porque si no se pinta lo que se ve bien, no se vende, a menos de que la crítica lo vuelva una celebridad, pero su proceso puede ser igual de viciado que el comercial. Cuando alguien sabe mucho de un tema, tiende a verlo bajo parámetros que ha establecido tras años de estudio, y si no se mantiene una mente amplia, se puede cerrar a lo que consideramos valioso en arte, sea lo que sea, desde que creemos que uso bien el tema, hasta que usa una técnica exquisita, entre otras posibles razones.

Y el mismo problema se ve en los concursos con tema. Se podría decir fomentan la creatividad al estar atados a una serie de normas que hacen que se desarrolle la mente al buscar respuestas a problemas específicos, de acuerdo. Pero limitar un proceso personal a un tema, eso sí que es limitar la creatividad. Un proceso personal de largo tiempo no puede estar ligado a una problemática única. Hay artistas que hacen obras con cualquier tema, otros tienen una obsesión que los ata toda la vida. ¿Es justo pedirles que se adapten a lo que se pide solo para ser vistos?, no lo pienso así. Como decía, eso sí que limita la imaginación y el arte. Es como lo que pasa en algunas universidades, donde el artista que no hace obras conceptuales u obras con una temática social, deja de ser artista o no vale la pena ni mirarlo. Y peor aun en concursos (como el Premio Botero), donde se exigen estudios o títulos de arte, como si el arte tuviera que ser validado primero por una universidad o escuela. No aprendemos nada o convenientemente lo olvidamos. ¿O qué les pasó a los Impresionistas y el Salón de Artistas? Botero mismo fue rechazado en un principio por muchos, pero ahora parece no recordarlo al permitir que se cometa semejante discriminación. ¿Que hay de los artistas que no se quieren someter a un sistema dado y que luchan por establecer uno propio? Como dije antes, no queremos dejar pasar a otro Van Gogh, pero nuestra ceguera comercial y a veces hasta intelectual, seguramente ya ha dejado pasar a varios.

No hay comentarios: